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Alfred Nobel

 

EL MISTERIO DE TONAPA

Por Adriana Alarco de Zadra
Lima, Perú

Tonapa según los cronistas del siglo XVI:

Bartolomé de las Casas, en 1550, llama a Tonapa, “Condici Viracocha” o Hacedor del Mundo.
Juan de Betanzos en 1551, lo llama “Con Tici Viracocha” y según él, ordenó a los “Viracochas” (señores o discípulos) a que partieran, “señalándoles hacia donde el sol sale”, con la orden de que poblaran la tierra y salieran de las cuevas donde habitaban.
Pedro Cieza de Leon en 1553, lo llama “Padre del Sol y Hacedor de todas las cosas criadas”. También asegura que “vino del Mediodía, este hombre blanco y grande que llegó a la provincia de los Canas (Cacha, en Cuzco)” donde le dieron los nombres de “Tuapaca, Tici viracocha y Arnaun”. Dice también Cieza de Leon que “apareció fuego del cielo y quemó los montes”. También relata que “en la costa del mar tendió su manto y se fue por las ondas como espuma de mar” (caminando).
Sarmiento de Gamboa, en 1572, lo llama “Viracocha o Espuma de Mar” y “Ticci Viracocha Pachayacháchic”. Cuenta que se salvó del diluvio universal en una isla del Lago Titicaca. (El nombre del lago quiere decir Montes de Plomo, según Sarmiento de Gamboa) También por haberse salvado del diluvio lo llamaron Uno Pachacuti que quiere decir "agua que trastornó la tierra". Este cronista lo describe como un hombre blanco de mediana estatura con báculo y libro en mano.
Cristóbal de Molina, en 1575, lo llama “Tocapo Viracocha”, el Hacedor, y también “Tecsi Viracocha” o el Incomprensible dios.
Gutierrez de Santa Clara, a fines del S.XVI, relata que se construyó una puerta de piedra para que entrara en la ciudad de Huánuco el “discípulo de Viracocha en el pueblo de Guánuco”. Las dimensiones de dicha puerta eran: 38 pies de largo, 18 pies de ancho y 6 pies de grueso. Llama a Tonapa, “Espuma de la mar”, porque "no tuvo padre ni madre y el mar lo engendró". Tuvo entendido que fue uno de los discípulos del Señor y que dijo que vendrían luego muchos hombres "barbados como él" y ordenó a los indígenas que los recibieran con “bien y paz”.
Juan de Acosta, en 1590, lo llama “Viracocha o Pachacamac”, y “Pachayachachic”. Dice que adoraban a Pachacamac el Creador en su santuario y hacían sacrificios a Viracocha.
Juan Santa Cruz Pachacuti Yamqui, en 1613, lo llama “Baron Tonapa, Viracochampacachan, Santo Tomás, Tarapacá, Pachacan, Bicchhay camayoc y Cunacuycamayoc”. Cuenta que Tonapa hizo una cruz muy grande y la trajo sobre los hombros hasta ponerla en el cerro de Carapucu, junto a la laguna grande de Carapucu. Predicó dando grandes voces, echando lágrimas y luego se lavaban la cabeza los oyentes en las aguas del lago.
Según el mismo Santa Cruz Pachacuti Yamqui, el nombre Carapucu viene del canto de un ave: cuando canta cuatro veces muy de madrugada un ave llamada Pucopuco, el canto se llama Carapucu.
Alonso Ramos Gavilán, en 1621, lo llama “Tunupa y Santo Discípulo del Redentor”.
Bernabé Cobo, en 1653, lo llama “Hacedor del Universo”. Cuenta que el lugar de peregrinaje llamado Pachacamac (al sur de la actual ciudad de Lima) es lugar del templo levantado al Creador del Mundo.
Cuentan que en Huanacauri, Cuzco, un día se escondió el sol y mientras duró el eclipse, sobrevino el diluvio. Un hombre y una mujer se metieron en una caja de atambor y se lanzaron al Lago Titicaca. Esta caja anduvo sin hundirse sobre el agua y cuando ésta bajó, tomaron tierra en Tiahuanaco. Este personaje podría ser Tonapa.
Otras explicaciones dicen que el dios Con o Cuniraya fue desterrado de la costa por Pachacamac (ser supremo o dios de la costa). La identificación de Cuniraya con Tonapa es evidente en aquella época.
A Viracocha o Huiracocha (ser supremo o dios andino) lo llaman Espuma de agua de la vida, que quiere decir esperma, porque el acto de la creación se asimila claramente con la fecundación en la mitología indígena.

Esta leyenda andina está basada en diferentes libros:
“Libro de Antiguedades Peruanas de Santillán y Otros, “Samuel Lafone Quevedo, Catamarca 1892, reimpreso por Editorial Guarania Paraguay, en Buenos Aires 1950.
“El Factor Religioso”, de Hugo Pesce, Lima 1972.
“El Lago Titicaca” del Dott. Washington Cano, Ediciones Moreno, Argentina 1952.
“I Popoli del Sole e della Luna” , Fabbri Editori, Milano 1990.