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Alfred Nobel

 

LA RANA Y EL RATÓN

Al lado de una charca vivía un ratón gordo y bien alimentado. Estaba una mañana reposando junto al agua, tendido al sol, cuando una rana, que vió en él un excelente bocado, se le acercó zalamera.

-Si supieras, ratón, las maravillas que encierra el fondo de esta charca... Puedes venir a mi casa, allí te daré una buena comida, y luego te llevaré a dar un paseo. Si vienes conmigo podrás admirar las bellezas de las grutas submarinas y las costumbres de sus habitantes.


El ratón escuchó atentamente las palabras de la rana, y le gustó la proposición. No recelaba nada el pobre tonto y ya se iba a lanzar al agua cuando encontró un problema.

Le dijo a la rana:

-Yo no sé nada. Ni tampoco bucear. ¿Cómo voy a entrar en las aguas? Me hundiré en seguida.


La rana, que no estaba dispuesta a perder su presa, reflexionó unos segundos, y creyó haber dado con la solución oportuna. Le dijo al ratón que podía atarse una pata al junco, y ella le arrastraría con la boca. De esta manera podía viajar
y no se hundiría.


El ratón asintió encantado, y así lo hicieron. Pero apenas penetraron en el agua, la rana comenzó a tirar con fuerza hacia abajo, tratando de que le ratón se hundiera en las aguas
para apoderarse de él.


Demasiado tarde el animalito se dio cuenta de la trampa y suplicaba que la rana le dejase en libertad; pero ésta se burlaba de sus lamentos y tiraba cada vez más fuerte hacia las profundidades de la charca.


A pesar de que el ratón resistía con todas sus fuerzas, estaba apunto de ahogarse, y, perdidas las esperanzas, gritaba sin cesar
con su voz aguda.


Un milano acertó a pasar por aquel lugar en este preciso momento, y al ver al ratón forcejeando sobre las aguas, sintió que se le abría el apetito, y bajó con rapidez hasta la superficie de la charca.


Cogió al ratón entre sus garras y lo levantó en el aire, y cuál no sería su sorpresa al darse cuenta de que la rana, que tenía el junco agarrado,
seguía al ratón.


El milano se puso muy contento, pues para cenar iba a disfrutar de carne y pescado.


La mejor trampa puede hacer caer en ella a su mismo inventor.