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Alfred Nobel


 

 

EL HERRERO Y EL PERRO


Un Herrero tenía

un Perro que no hacía

sino comer, dormir y estarse echado;

de la casa jamás tuvo cuidado;

levantábase sólo a mesa puesta;

entonces con gran fiesta

al dueño se acercaba,

con perrunas caricias lo halagaba,

mostrando de cariño mil excesos

por pillar las piltrafas y los huesos.

"He llegado a notar, le dijo el amo,

que aunque nunca te llamo

a la mesa, te llegas prontamente;

en la fragua jamás te vi presente,

y yo me maravillo

de que, no dispertándote el martillo,

te desveles al ruido de mis dientes.

Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes

que el amo, hecho un gan y sin reposo,

te mantiene a lo conde muy ocioso."

El Perro le responde:

"¿Qué más tiene que yo cualquier conde?

Para no trabajar debo al destino

haber nacido, perro, no pollino."

"Pues, señor conde, fuera de mi casa;

verás en las demás lo que te pasa."

En efecto salió a probar fortuna,

y las casas anduvo de una en una.

Allí le hacen servir de centinela

y que pase la noche toda en vela,

acá de lazarillo y de danzante,

allí dentro de un torno, a cada instante,

asa la carne que comer no espera.

Al cabo conoció de esta manera:

Que el destino, y no es cuento,

a todos nos cargó como al jumento.


Félix María Samaniego