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Alfred Nobel

 


CASCABELES DEL CORAZÓN

Caerá blandamente
tu cabeza en mi pecho,
como fruta exquisita.
Los cascabeles de tus manos,
con aroma de almendras,
harán de mí una diosa,
una aventura, un enero...
Mira como adolezco
de infelices delirios.
Tu brújula marca el techo,
la mía está en el subsuelo.
Cascabel del corazón
que por un trino, se agita;
por una migaja de amor,
es capaz de un desatino.
Bien sabes que es muy cierto...
-¡Dímelo! Por lo ancho de este cielo.
-Qué me pides... ¿Si te quiero?
-No, eso no. ¡Cuántos tienes!
¿Y el amor?
Se quedó ahí...
Los lirios de tu verano, se secaron;
no supiste alimentarlos.
Como arena, así de frágil,
la brisa te confundió.
Como pichón sin ternura,
volaste con desconcierto.
Eso se llama Destino,
cascabelito de mi alma.
Destino y Dios, es igual,
él nos enseñó que al fin,
siempre triunfa el amor.
Fue el amor, que nos unió,
fue tu alma dentro mío;
tus poéticas palabras
nacidas del corazón.
Inventamos el amor
que nos hiciera felices...
Me llevabas por tus calles,
tomándome la cintura
me acomodabas un beso.
En tu pecho, extasiada,
te decía mis secretos.
...En los lirios de tu cama
no hacíamos el amor...
Tú me inventabas, tan lejos.
Yo, acá, te imaginaba.
¡Cascabeles tú y yo!
Deliciosas horas que no han de morir.
Sé que me sigues amando,
tanto como yo a tí.
¿No ves que bajo este cielo,
existe mucha negrura?
Forjamos este milagro
con inocencia y verdad.
Dos almas en la distancia,
que al amor les hizo amar.


Matilde Maisonnave