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Alfred Nobel

 

Amada mía
Miltón Álvarez

  

La distancia dejó hace mucho

de ser un obstáculo para amarnos,

aprendimos a compensar con calidad

los días que no podremos recuperar,

a desnudar y explosionar en una noche

todas las fases de la luna,

a recuperar con cada amanecer

la tentación de alcanzar los nuevos retos,

a saciar sin compasión

nuestra sed de besos y deseos.

 

Hemos buscado encontrar en la voz,

un poco en las palabras y siempre

en un mismo cielo que nos cobija,

la fuerza de los detalles, del ensueño,

el encanto de los sonidos y susurros

provocados en los momentos únicos,

la magia de las sensaciones y

el vendaval de la inspiración

que llega y se desborda contigo

en cada instante compartido.

 

Ambientar por ejemplo un abrazo cálido

y un beso que acaricie tus pestañas en fuga,

tiene el compromiso de hacerte volar,

como cuando juntos reinventamos el tiempo,

delirando con la caricia que llega nueva,

a descubrir paisajes de ensoñación

y manjares exquisitos,

tiene la urgencia de sentir aquellos

te quiero . sin sonido y con tanta fuerza

que soñar pareciera innecesario.

 

Hablarte, escribir o soñarte siempre,

son las armas para enfrentar el tiempo:

impasible y definitivo,

espacio irreducible que angustia,

que pretende corroer la memoria,

más inútil sus esfuerzos,

porque nuestro amor crece incesante, vive

y se nutre aún más con las expectativas

de los días y de cualquier espacio

para agigantarse, porque es eterno.