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Alfred Nobel

 

 

SOLO UNA GOTA NECESITA


A veces, sólo a veces,
la derrota se me hace carne
para acusar mi humanidad y mi impotencia.

Junto pertrechos que quedaron olvidados
en este campo de batalla donde habito,
me descubro las manos agujereadas
de ver escaparse cada sueño entre los dedos,
contemplando impávida, violencias cotidianas,
desigualdades que pululan por doquier.

Más mi carga se aliviana
cuando miro a los ojos de los niños.

Entonces... remonto mi barrilete
desflecado de quimeras,
para enfrentarme
a esta realidad que ya me pertenece.

Nunca sabré si mi verdad ingenua
es la razón de muchos,
ni me importan resultados que indican las encuestas,
ni las tablas donde cotizan la vida de los puros.
Acaricio las equidades compartidas,
fronterizas de aquellos que el sopor
los libera de culpas temerarias
y les disculpo el argumento que autoinventan
por descansar la piel entre sus sábanas,
entibiadas en concilios de mentiras.

¿Qué autoridad tiene mi sangre,
para cargarles el sayo al precipicio?,
si fueron educados entre el temor de ser
o de inventarse.

Blanda estaba la tierra en sus raíces,
que el terror a embarrarse en los pantanos
donde ahogaron tantas voces libertarias,
les cercenó el derecho al pensamiento.

No intento ser benigna, ni justifico cobardías:
es que la historia, tuya, mía, de nosotros,
la de tantas ramas de este árbol
que en el desierto está,
quizás, agonizando,
pidiendo a gritos
¡una gota que lo salve!,
es quien me empuja a golpear tanta modorra.

... y como autistas voluntarios,
vamos en fila
llevando las manijas de blancos ataúdes,
hipnóticos marchamos al borde del abismo,
para dejarnos devorar por los dragones.

Se nos va... se nos escapa...
¡una gota solamente necesita!

¿Es que no ven?
¿Es que están ciegos?

¿Dónde dejaron oculta la mirada ?


©Silsh