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Alfred Nobel

 

 

ODA

Si cuando te serenas
Y engalanas de risa tu semblante
Desenojas tu amante,
Quitándole sus males y sus penas
Con sólo abrir tus labios carmesíes,
¿Por qué, Roselia amada, no te ríes?

Si mientras más festiva
Llenando de placer la faz graciosa.
Pareces más hermosa,
Siendo del mismo Amor imagen viva,
Ya que no hay quien motive tus agravios,
¿Por qué dejas la risa de tus labios?

Dime, ¿por qué despojas
de todo tu primor tu alegre ceño?
¿Tienes acaso empeño
En aumentar mis males y congojas?
¿Quién a tantos disgustos te precisa
Que así me privas de tu dulce risa?

Deja tu enojo, deja,
Que es cosa que entristece ver airado
Semblante tan amado;
No des lugar a llanto ni a la queja!
Que pues ningún tormento te provoca
¿Por qué ocultas la risa de tu boca?

¿Por qué así, cruel, me niegas
Tu halagüeño reír? Cese el disgusto,
Pues me muero de gusto
Cuando risueño el labio me despliegas:
Vamos, Roselia, alégrate de modo
Que nuestro enojo sea risa todo.

Manuel Justo de Rubalcava