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Alfred Nobel


 

 

EL MENDIGO


Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;

todos se ablandan si doliente pido

una limosna por amor de Dios.

El palacio, la cabaña

son mi asilo,

si del ábrego el furor

troncha el roble en la montaña,

o que inunda la campaña

el torrente asolador.

Y a la hoguera me hacen lado

los pastores con amor,

y sin pena y descuidado

de su cena ceno yo.

en la rica chimenea,

que recrea con su olor

me regalo codicioso

del banquete suntüoso

con las sobras de un señor.

Y me digo: el viento brama,

caiga furioso turbón;

que al son que cruje de la seca leña,

libre me duermo sin rencor ni amor.

Mío es el mundo: como el aire libre, etc.

Todos son mis bienhechores,

por todos a Dios ruego con fervor;

de villanos y señores

yo recibo los favores

sin estima y sin amor.

Ni pregunto quiénes sean,

ni me obligo a agradecer;

que mis rezos si desean,

dar limosna es un deber.

Y es pecado la riqueza,

la pobreza santidad:

Dios a veces es mendigo,

al avaro da castigo

que le niegue caridad.

Yo soy pobre y se lastiman

todos al verme plañir,

sin ver son mías sus riquezas todas,

que mina inagotable es el pedir.

Mío es el mundo: como el aire libre, etc.

Mal revuelto y andrajoso,

entre harapos

del lujo sátira soy,

y con mi aspecto asqueroso

me vengo del poderoso

y adonde va, tras él voy.

Y a la hermosa que respira

cien perfumes, gala, amor,

la persigo hasta que mira,

y me gozo cuando aspira

mi punzante mal olor.

Y las fiestas y el contento

con mi acento turbo yo,

y en la bulla y la alegría

interrumpen la harmonía

mis harapos y mi voz:

Mostrando cuán cerca habitan

el gozo y el padecer,

que no hay placer sin lágrimas, ni pena

que no transpire en medio del placer.

Mío es el mundo: como el aire libre, etc.

Y para mí no hay mañana.

ni hay ayer,

olvido el bien como el mal,

nada me aflige ni afana;

me es igual para mañana

un palacio, un hospital.

Vivo ajeno se memorias;

de cuidados libre estoy.

Busquen otros oro y glorias,

yo no pienso sino en hoy.

Y do quiera vayan leyes,

quiten reyes, reyes den

Yo soy pobre, al mendigo,

por el miedo del castigo,

todos hacen siempre bien.

Y un asilo donde quiera,

y un lecho en el hospital

siempre hallaré, y un hoyo donde caiga

mi cuerpo miserable al expirar.

Mío es el mundo: como el aire libre,

otros trabajan porque coma yo

todos se ablandan si doliente pido

una limosna por amor de Dios.

José de Espronceda