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Alfred Nobel

 

El gusano conquistador

¡Ved! ¡En la soledad de estos últimos años

hoy es una noche de gala!

Una bandada de ángeles extraños,

envuelta en velos y en lágrimas bañada,

se dispone en la platea a contemplar

un drama de temores y quimeras

mientras la orquesta ataca sin cesar

la música de las esferas.

Mimos disfrazados de Dios en lo alto

farfullan y susurran por lo bajo

y vuelan sin pausa y dan mil saltos;

¡meros fantoches, deambulan a destajo

al capricho de amorfas vastedades

que sacuden sin piedad la escena

y al batir alas de cóndor le añaden

una invisible pena!

Estad seguros: ¡ese drama inconstante

jamás será olvidado!

Con su fantasma perseguido a cada instante

por una multitud que no ha logrado

ni logrará cazarlo y que, insegura,

en círculos concéntricos se afana;

con mucho de pecado y de locura,

y el horror como eje de la trama.

Pero, ¡ved como una forma solitaria

y reptante, una cosa rojo sangre,

se retuerce, haciéndose palmaria

en medio del grotesco rifirrafe!

¡Se retuerce se retuerce! Y los mimos

se estremecen y agonizan en sus fauces

y van bañando en sangre sus colmillos

ante los ojos llorosos de los ángeles.

¡Fuera...fuera luces...todas fuera!

Y sobre cada sombra palpitante

cae el telón, esa mortuoria tela,

como una tempestad paralizante

mientras que de las filas marchitas

de serafines ahora en pie surge un clamor:

<<Hombre>> es el drama que recitan;

su héroe, el gusano conquistador.

Edgar Allan Poe