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Alfred Nobel




 

 

CANCIÓN
DANTE ALIGHIERI
Italia, Florencia (1265-1321)


Aspero quiero que mi verso sea
ígual que la conducta de mi bella,
cuya dureza crece
con la extraña crueldad a cada instante,
y su cuerpo reviste de diamante
en forma tal (o quizá porque me huye)
que en mi carcaj no encuentro
la flecha que la hiere y la desnude;
mortal es tu mirada, e imposible
escapar o esconderse de sus ojos,
que, cual si alados fueran,
sus golpes vuelan y mi escudo rompen;
no la conozco, pero a sus pies caigo.

Coraza no hallo que ella no traspase,
ni lugar donde esconderme de su rostro;
cual flor sobre la fronda,
en lo alto de mi mente se halla erguida;
y mi dolor apenas la conmueve,
más que el mar dilatado a un buen velero;
y el pesar que me dobla
tal es que ante él mis versos palidecen.
Ah, cepo despiadado y angustioso,
implacable acabando así mi vida,
¿por qué no te contienes
y dejas de roerme las entrañas,
pues yo callé de la culpable el nombre?

Y me siento temblar si en ella pienso
en paraje donde otros puedan verme,
por miedo a que trasluzca mi deseo
y los demás lo vean;
no tiemblo ante la muerte (mis sentidos
con sus dientes Amor ha devorado);
pues mi mente destruye
mis fuerzas, y mis miembros debilita.
Amor me hizo caer, y me amenaza
con la espada que a Dido dio muerte,
Amor, a quien yo imploro,
cuartel pidiendo, y le ruego, humildemente,
mas él es insensible a la piedad.

De vez en cuando alza la mano, impío,
y desafía mis cansadas fuerzas;
yazgo sobre la tierra,
se me acaban las fuerzas, no me muevo;
y surgen en mi mente fuertes gritos,
y la sangre, dispersa por las venas,
acude al corazón, que la llamaba;
blanco está mi rostro.
Y Amor me hiere so el izquierdo brazo
con golpe que conmueve mis entrañas,
y digo: "Si levanta
la mano una vez más, vendrá la Muerte
antes de que su golpe hasta mí caiga."

¡Ojalá yo lo viera malherir
a aquella que mi cuerpo descuartiza!
No me sería amarga
la muerte que amenaza mi destino:
que de día y de noche me la acerca
la asesina y ladrona que me asedia.
¡Ay! Mas ¿por qué no aúlla
mi nombre, cual yo el suyo, desde lo hondo?
Bien pronto le gritará que: "Allá voy";
gustoso acudiría, acariciando
la rubia cabellera
que Amor para mi mal encrespa y dora,
y agradable hallaría mi presencia.

Si sus trenzas lograra acariciar
(que látigo son hoy y duro freno)
tomándolas al alba
a su vera la noche me encontrara:
y no quedará con las manos quietas,
sino cual oso que al jugar abraza,
ya que Amor me tortura
mil veces con mis besos me vengara.
Y sus dos ojos, que despiden chispas
y el corazón incendian en mi pecho,
lento contemplaría
vengándome con ello de su huída;
y el beso de la paz yo les daría.
Canción, ve sin tardar hacia la hermosa
que el corazón me hiere y que me roba
aquello que más quiero,
y su pecho atraviesa con tus flechas;
que la venganza buen honor conquista.