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Alfred Nobel

 

Ahora que cae la lluvia
Canciones de Otoño (1993)



Ahora que cae la lluvia,
ahora que otra vez el agua canta,
quiero escuchar de ti,
rapsoda otoñal,
joven de niebla y castaños
apareciendo y desapareciendo
entre las mudas figuras
de mayo vegetal, en la floresta,

quiero oir de ti
la tempestad de besos sin rumbo,
el océano de sueños
donde tu náufrago corazón
vagó, llamó, tendió los brazos,
pobló de gritos la noche implacable.

Dime ahora su nombre
que las hojas muriendo escucharon,
repite sus sílabas candentes
emergiendo de tu voz estremecida,
canta otra vez tu agónica endecha,
tu rapsodia por negros pájaros picoteada.

(Regresa también en otoño
su figura que la niebla desdibuja,
sus ojos se abren en el sueño
como una flor de acérrimos perfumes
cuyos pétalos caen al agua, temblando).

Más acerba que los sueños,
más radical que el olvido
es la llaga del amor
que atraviesa el corazón y el tiempo.

Al elixir de unos labios,
al aroma de una piel de eximio polen
cae la sed y desata su conjuro,
apaga en delirio su fuego sublime.

Pero de las cenizas
se levanta otra vez la ansiedad,
se yergue la insaciable sed
con un dedo señalando al tiempo:
un cuerpo cuyo temblor vegetal
fue respirado en el bosque, a gritos,
una boca que en la húmeda corteza
se ocultó, desorientando labios.

Y ahora que cae la lluvia,
ahora que las hojas
devuelven su delgada existencia al humus,
regresa también su cabellera obscura,
su voz que se enredó
en el follaje de los sueños.

Por eso, joven rapsoda
que el otoño aplacó en su desgaste,
aciago amante de agónico estro,
dime su nombre que las hojas supieron,
repite sus sílabas indestructibles.

Ulises Varsovia