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Alfred Nobel

 

 

ALGUNAS DE SUS DÉCIMAS A DIOS
Guadalupe Amor


1953

I

Dios, invención admirable,
hecha de ansiedad humana
y de esencia arcana,
que se vuelve impenetrable.
¿Por qué no eres tú palpable
para el soberbio que vio?
¿Por qué me dices que no
cuando te pido que vengas?
Dios mío, no te detengas,
¿o quieres que vaya yo?

II

El inventarte es posible...
Difícil es sostener
la potencia de tu ser,
ser absoluto intangible.
El que seas invisible
no es el misterio más hondo.
Exaltada hallo tu fondo,
mas cesa mi exaltación,
y tu admirable visión
en mi pensamiento escondo.

III

Yo siempre vivo pensando
cómo serás si es que existes;
de qué forma te revistes
cuando te vas entregando.
¿Debo a ti llegar callando
para encontrarte en lo oscuro?,
¿o, es el camino seguro
el de la fe luminosa?
¿Es la exaltación grandiosa,
o es el silencio maduro?

IV

Tal vez no quiera yo hallarte
y por eso no te veo,
que es el ansioso deseo
el que logra realizarte

A ti no te toca darte;
si mi soberbia te invoca,
es a mí, a quien me toca
salir al encuentro tuyo.
Me acerco a ti, te construyo...
Ya tengo fe, ya estoy loca.

V

Dios mío, sé mi pecado,
consiste en verte en concreto;
y tú, el eterno discreto,
por eso me has castigado,
dándome un ser complicado
que piensa entenderlo todo
y que jamás halla el modo
de fundir carne con mente,
que pensando con la frente,
se está pudriendo en el lodo.

VI

Te quiero hallar en las cosas;
te obligo a que existas en el cielo,
intento violar el velo
en que invisible reposas.

Sí, con tu ausencia me acosas
y el no verte me subleva;
pero de pronto se eleva
algo extraño que hay en mí,
y me hace llegar a ti
una fe callada y nueva.

VII

No te veo en las estrellas
ni te descubro en las rosas;
no estás en todas las cosas,
son invisibles tus huellas;
pero no, que aquí descuellas,
aquí, en la tortura mía,
en la estéril agonía
de conocer mi impotencia...
¡Allí nace tu presencia
y muere mi mente fría!

VIII

No creo en ti, pero te adoro.
¡Qué torpeza estoy diciendo!
Tal vez te voy presintiendo
y por soberbia te ignoro.

Cuando débil soy, te imploro;
pero si me siento fuerte,
yo soy quien hace la suerte
y quien construye la vida.
¡Pobre de mí, estoy perdida,
también inventé mi muerte!

IX

Es la soberbia, Dios mío,
la que me está haciendo hablar.
¿Por qué insisto en descifrar
el ser, la luz, lo sombrío?
Si sólo existe el vacío,
no es a mí a quien le toca
volver la cabeza loca
queriendo entenderlo todo.
Este orgullo de mi lodo
sólo con fe se sofoca.

X

Fácil es creer en tí
y vivir de tu clemencia,
sin desentrañar tu esencia
y gozando lo de aquí.

Yo por desdicha nací
sentenciada a investigar,
a atormentarme, a pensar
y a no aceptar el misterio;
pero a mi humano criterio
le está vedado el volar.

XI

No al que me enseñaron, no.
Al eterno inalcanzable,
al oculto inevitable,
al lejano, busco yo.
Al que mi ser inventó
mi ser llenó de pasiones,
de turbias complicaciones
y rotunda vanidad.
Ser que busca la verdad
y sólo halla negaciones.

XII

Hablo con Dios, como el ciego
que hablase de los colores,
e incurro en graves errores
cuando a definirlo llego.

De mi soberbia reniego,
porque tengo que aceptar
que no sabiendo mirar
es imposible entender.

¡Soy ciega y no puedo ver,
y quiero a Dios abarcar!...

Hablo con Dios, como el ciego
que hablase de los colores,
e incurro en graves errores
cuando a definirlo llego.

De mi soberbia reniego,
porque tengo que aceptar
que no sabiendo mirar
es imposible entender.

¡Soy ciega y no puedo ver,
y quiero a Dios abarcar!...

XIII

Dios será la salvación
pero es difícil hallarlo
porque no basta heredarlo
y pedirle compasión

Hay que abrirse el corazón
y las entrañas rasgarse,
y ya desangrada, darse,
olvidándose de todo.

Hay que buscarle de modo
que Dios tenga que entregarse.

XIV

Más que nunca te deseo,
y es cuando estás más lejano,
hoy que me consumo en vano
porque ni en la nada creo.

Soledad sola poseo:
opaca, hueca, infinita.
Ni mi sombra me visita,
pues ella salió a buscarte,
y como no pudo hallarte,
volverse conmigo evita.

XV

No tengo nada de ti,
ni tu sombra, ni tu eco;
sólo un invisible hueco
de angustia dentro de mí.
A veces siento que allí
es donde está tu presencia,
porque la extraña insistencia
de no quererte mostrar,
es lo que me hace pensar
que sólo existe tu ausencia.

XVI

Oculto, ausente, baldío,
hermético, inalterable,
asfixiante, invulnerable,
absorbente, extraño y frío;
así te siento, Dios mío,
cuando sola y angustiada
me consumo alucinada
para lograr mi plenitud,
rompiendo esta esclavitud
a la que estoy condenada.