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Alfred Nobel


 


A LA CORREGIDORA

 

Al viejo primate, las nubes de incienso;

al héroe, los himnos; a Dios, el inmenso

de bosques y mares solemne rumor;

al púgil que vence, la copa murrina;

al mártir, las palmas; y a ti - la heroína -

las hojas de acanto y el trébol en flor.

Hay versos de oro y hay notas de plata;

mas busco, señora, la estrofa escarlata

que sea toda sangre, la estrofa oriental:

y húmedas, vivas, calientes y rojas,

a mí se me tiende las trémulas hojas

que en gráciles redes columpia el rosal.

¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid a la vida!

¡Despliega tus alas, gardenia entumida!

¡Botones, abríos!¡oh mirtos, arded!

¡Lucid, amapolas, los ricos briales!

¡Exúberas rosas, los pérsicos chales

de sedas joyantes al aire tended!

¿Oís un murmullo que, débil, remeda

el frote friolento de cauda de seda

en mármoles tersos o limpio marfil!

¿Oís?...¡Es la savia fecunda que asciende,

que hincha los tallos y rompe y enciende

los rojos capullos del príncipe Abril!

¡Oh noble señora! La tierra te canta

el salmo de vida, y a ti se levanta

el germen despierto y el núbil botón,

el lirio gallardo de cáliz erecto,

y fúlgido, leve, vibrando, el insecto

que rasga impaciente su blanda prisión.

La casta azucena, cual tímida monja,

inciensa tus alas; la dalia se esponja

como ave impaciente que quiere volar;

y astuta, prendiendo su encaje a la piedra,

en corvos festones circunda la yedra,

celosa y constante, señora, tu altar.

El chorro del agua con ímpetu rudo,

en alto su acero, brillante y desnudo,

bruñido su casco, rizado el airón,

y el iris por banda, buscándote salta

cual joven amante que brinca a la alta

velada cornisa de abierto balcón.

Venid a la fronda que os brinda hospedaje

¡oh pájaros raudos de rico plumaje!

Los nidos aguardan: ¡venid y cantad!

Cantad a la alondra que dijo al guerrero

el alba anunciando: "¡Desnuda tu acero,

despierta a los tuyos...Es hora...Marchad!".


MANUEL GUTIERREZ NÁJERA