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Alfred Nobel



 

 

Amalia

Matilde Maisonnave

¡Luces! Dones virtuosos
de tu alma virginal.
Tu nombre es una estrella
halagando el firmamento.
Eras la esperanza, la unión,
el amor que motivaste
acariciando tu entorno;
flores marchitas
que, con tus blancas manos,
en sueños dorados,
sonrisas sin velos extraños
convertías.
¡Dulce Amalia!
tu alma me acompaña.
¡Cuál niña lleva tus ojos!
¡Cuál pétalo! ¡Cuál tesoro!
¡Cuál joya engalanada...!
¡Oh! ¿Has sido reencarnada?
Quizá en un pechirrojo
de celeste mirada;
quizá en un rosal cercano
blanco y fragante,
bálsamo de tus manos.
Leona de tus cachorros,
semillas perennes
sembraste en sus almas.
El pan, cálido y alegre,
amasaste en fuentes
de ternura y paz.
Tu boca sonrisa,
tenue y vivaz brisa,
cantaba en tus ojos
de cielo, sedosos.
No había consuelo
en tu corazón,
si te hería el duelo
de una aflicción.
Don de la paciencia
y la virtuosidad;
soportaste entera
la ignominia artera...
Seguiste la lucha, con bondad y amor,
hasta que Jesús te tuvo piedad...