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Alfred Nobel


 

Jorge Manrique
Los fuegos qu'en mí encendieron...



Los fuegos qu'en mí encendieron
los mis amores passados,
nunca matallos pudieron
las lágrimas que salleron
de los mis ojos cuytados;
pues no por poco llorar,
que mis llantos muchos fueron,
mas no se pueden matar
los fuegos de bien amar
si de verdad se prendieron.

Nunca nadie fue herido
de fiera llaga mortal
que tan bien fuesse guarido,
que le quedasse en oluido
de todo punto su mal.
En mí se puede prouar,
que yo no sé qué me haga,
que, quando pienso sanar,
de nuevo quiebra pesar
los puntos della mi llaga.


Esto haze mi ventura
que tan contraria m'a sido,
que su plazer y holgura
es mi pesar y tristura,
y su bien, verme perdido.
Mas vn consuelo me da
este gran mal que me haze:
que pienso que no terná
más dolor que darme ya
ni mal con quien m'amenaze.


¿Qué dolor puede dezir
ventura que m'a de dar
que no lo pueda sofrir?
Porque después de morir,
no ay otro mal ni penar.
Por esto no temo nada,
ni tengo de qué temer,
porque mi muerte es passada
y la vida no acabada,
qu'es la gloria c'a de auer.


Pues pena muy sin medida,
ni desiguales dolores,
ni rauia muy dolorida,
¿qué pueden hazer a vida
que los dessea mayores?
No sé en qué pueda dañarme
ni mal que pueda hazerme;
pues que lo más es matarme;
desto no puede pesarme,
de todo deue plazerme.

Cabo

Sobró mi amor en amor
all amor más desigual,
y mi dolor en dolor
al dolor que fue mayor
en el mundo y más mortal.
Y mi firmeza en firmeza
sobró todas las firmezas,
y mi tristeza en tristeza
por perder vna belleza
que sobró todas bellezas.