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Alfred Nobel



LA TORTUGA Y LA PERRA


Erase una vez, una tortuga y una perra, ambas con sus correspondientes crías. La perra notaba que las crias de la tortuga crecían sanas y fuertes, mientras que las suyas eran enclenques y desnutridas. Un día le preguntó la perra a la tortuga, "¿Qué les das de comer a tus crías que crecen tan fuertes y sanas?".

La tortuga respondió, "les doy unos frutos muy nutritivos", entonces le dijo la perra, "me gustaría ir contigo a recoger esos frutos, para dárselos a mis crías, que están muy desnutridas", a esto que la tortuga respondíó, "no puedo llevarte a recoger esos frutos, por que no podrás hacerlo en silencio, y el dueño ha amenazado con despellejar al que sorprenda recogiendo frutos", dijo la perra, "si que podré". Insistió tanto la perra que al final la tortuga accedió.

Al ocultarse el Sol, salieron a por los frutos, estuvieron caminando un buen rato, y al final de un sendero, le dijo la tortuga a la perra, "ya hemos llegado, ese es el árbol", señalando a un mangotal, y continuó diciendo, "los mangos caen continuamente del árbol, y corres el riego de que caiga alguno sobre ti, si esto ocurriera, no deberás chillar, por que si no, saldrá el dueño y te atrapará. Yo iré la primera mientras tú vigilas y cuando termine irás tú mientras yo vigilo", dicho esto, salió la tortuga y se puso a recoger mangos, cuando le caía un mango encima, la tortuga emitía un gemido de resignación apenas audible y continuaba con la recolecta de los frutos, cuando llenó el saco que llevaba, se volvió a donde estaba agazapada la perra y le dijo, "ahora te toca a ti, recuerda que no debes chillar", la perra asintió y salió con su saco a lomos, al ratito, le cayó un mango sobre el hocico, soltó un gemido corto mientras arquaeba el lomo, y continuó recolectando frutos.

El segundo mango le cayó sobre el lomo , dando un salto y arrastrando los cuartos traseros, soltó un gemido algo más agudo que el anterior. Se repuso rápidamente y se apresuró a recoger las últimas piezas, cuando le cayó un mango sobre la cola, ¡los ojos le salían de las orbitas!, ¡ no podía contener el agudo dolor que le recorría la espina dorsal!, ¡sintió como si se le hubiera venido el mundo encima!, soltó un potente alarido, y de repente, se oyó una voz muy grave y enérgica que dijo, "ajá, ¡ya te tengo!, así que eres tú el que se apropia de mis mangos, ¿eh?", la agarro del cuello a la perra y la despellejó.

Moraleja :No debemos hacer lo que hacen los demás, sin antes calcular nuestras posibilidades

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