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Alfred Nobel

 

ALGO MÁS QUE PALABRAS 

¿FRENO A LA PIRATERÍA ?

 

Justicia sin benignidad no es justicia, sino crueldad. Lo decía ya el famoso adagio latino: "Exceso de justicia, exceso de injusticia". Y la benignísima Concepción Arenal lo repite en bello verso: "Casi siempre es injusticia/ la austera severidad,/ y la dulce caridad/ es casi siempre justicia". Después de haber vivido la atmósfera de la prisión, como voluntario y ejerciente activista cultural, me reafirmo en que la justicia debe ser siempre comprensiva con el delincuente y no excederse en salvajismo, pues de esa forma mezquina se pierde su papel recuperador y por ese fondo absurdo se ganan represalias vengativas.

La reeducación más que con la abundancia de leyes, se consigue con diálogos activos que propicien la reconciliación. A veces pienso sobre la necesidad de legislar menos y actuar con más humanidad y cierta dosis de prudencia, apostando por alternativas menos dolorosas que la cárcel, que no tienen porque ser menos efectivas. Antes habría que priorizar la prevención social de la plaga de exclusión que soportan algunas personas, totalmente inhumanas, a causa de injustas políticas redistributivas.

Esto viene a cuento de algunas palmas oídas en relación a los delitos contra la propiedad intelectual e industrial que se han convertido en delitos de carácter público y, como tales, serán perseguibles de oficio sin necesidad de denuncia, por parte de la persona agraviada. Aquello de que el que la haga que la pague está muy bien, pero cuando se tienen las necesidades cubiertas. Más que perseguir a los últimos de la red, casi siempre personas que habitan en la marginalidad, el castigo habría que imponérselo a las organizaciones mafiosas que acostumbran a estar escondidos, como ratones en la madriguera, a la sombra de sus esclavos, embolsándose grandes caudales monetarios sin apenas arriesgar nada, con imbricaciones incluso internacionales, verdaderos causantes de la ingente ola de piratería intelectual e industrial que padecemos.

En consecuencia, esta reforma encuadrada dentro de un proceso legislativo, impulsado por la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), organismo autónomo del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, en el marco de la Comisión Interministerial de lucha contra la piratería, y encaminado al reforzamiento de la protección de los derechos de propiedad industrial y a su equiparación, en cuanto al tratamiento legal, respecto de los derechos de autor y afines; tendrá que tener muy en cuenta a la hora de agravar las penas, quién es quién a la hora de juzgar, y llegar a la raíz (o al laberinto de raíces) que sostienen el árbol de la piratería que es más difícil su control de lo que se piensa.

Dicho lo anterior, se me ocurre que el destino posterior de las mercancías incautadas, podría ir en beneficio de programas de reeducación y apoyos alternativos hacia esas personas, generalmente inmigrantes, que ejercen la venta ambulante ilegal, puesto que son el primer canal de distribución de productos falsificados y piratas. El mundo moderno, por escasez de amor, suele excomulgar con dureza a los marginados, los sentencia a la ligera, como si ellos fuesen el espíritu del mal, la violencia, el terror, el hedonismo, la pornografía y las distintas formas de inmoralidad profesada, sin acudir al meollo de la cuestión, que generalmente está anidado en otros mundos, en los del poder y el vicio. En vez de tanta siembra de leyes, tendríamos que proclamar menos poderes y más corazón, el auténtico proceso de curación para vivir y dejar vivir.

Víctor Corcoba Herrero

-Escritor-