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Alfred Nobel

 

ALGO MÁS QUE PALABRAS

LA ENSEÑANZA DE MERCEDES ESTEBAN




Nos pasamos media vida construyendo y reconstruyendo castillos en el aire. Para esto si que tenemos tiempo. Y en esa construcción y reconstrucción, pasamos de auto-realizarnos como familias en familia. O sea, como madres y padres comprometidos y prometidos en el estado matrimonial.

Abrumados por tantas tareas, engruesan el número de ascendientes que abandonan la tarea educativa para confiarla sin más a los centros docentes. Sin embargo, como nos ha recordado la vicepresidenta de la Fundación Europea Sociedad y Educación, Mercedes Esteban, en unas declaraciones recientes, la simple evaluación del rendimiento académico no es suficiente para definir un sistema educativo en su conjunto, sino que se deben tener en cuenta otros factores como el interés de los padres.

Padres y docentes han de caminar unidos en una relación de confianza. Entonces, ¿por qué los padres han perdido esa responsabilidad y, si no la han perdido, cuál es el motivo por el que no se dejan ver en las APAs y oír en las tribunas sobre educación? Esta es la pregunta a considerar en una sociedad de incoherencias, puesto que lo único que se potencian sobremanera son codicias, trepas profesionales, trabajos arrolladores que no dejan tiempo para la familia.

Para colmo de males, nos hemos cargado la tradición humanista cristiana que, a lo largo de los siglos, ha sido un referente por desarrollar capacidades de recto juicio, promoviendo el sentido de los valores. La responsabilidad primaria de formar y educar a los hijos se ha pasado a un segundo plano. Los padres no ejercientes de padres o el Estado no ejerciente de protector con la diligencia debida, están a la orden del día.

Aumentan los niños que no tienen familia, o familia estable, que sufren abusos o que la soledad y el desamparo llaman a su inocente puerta del alma. A este fin, también están llamados a colaborar, tanto la legislación como los servicios del Estado, para dar a la familia un apoyo que a veces nos da la sensación que brilla por su ausencia. Además, si la primera e intransferible obligación y derecho de los padres es el de educar a los hijos, han de tener absoluta libertad, que tantas veces no tienen, en la elección de las escuelas. A los hijos los evalúa un sistema educativo que, aunque imperfecto ahí está, pero a los padres, ¿quién los examina como tales? Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta ese interés paterno y materno filial, difícilmente puede suplirse por ningún sistema educativo.

Los alumnos no respetan a los docentes porque también tiene crisis de autoridad la propia familia. Lo de formar un ambiente familiar animado por el amor, no es para nada caduco, sigue siendo la mejor medicina. Sin embargo, la escasa comunicación familiar es un hecho más que probado. No guardamos tiempo para hacer familia, para convivir en familia, con lo que se debilitan vínculos profundos. Las cuestiones de fondo como puede ser la educación de los hijos, suelen dialogarse más bien poco. En consecuencia, la enseñanza concluyente de Mercedes Esteban de que la eficacia del sistema educativo no solamente se mide por los resultados de rendimiento, sino por decenas de aspectos más, como la integración del alumno, las oportunidades de inserción en el mercado laboral, si éste responde a las expectativas laborales, la implicación de las familias y si sirve para elevar el nivel cultural medio de la población, se queda en agua de borrajas.

Porque todo falla; se frustra la integración del alumno que lo más probable es que acuda a un centro que ni sus padres han tenido posibilidad de elegir, se fracasa con una formación de título más que de capacitación profesional, y además, la cultura que resplandece emborracha más que humaniza. A esto, las familias perdidas, muchas por los juzgados amañando el divorcio y otras en el tajo con el síndrome del quemado en los talones, sin hallarse en el papel educador que les corresponde.

Quizás, por ello, los padres de la nueva LOE han pensado que el Estado debía erigirse como único titular originario del derecho a la educación, quedando los progenitores y los centros educativos reducidos a meros concesionarios de tal derecho. Ahora comprendo. Vivir para ver. Otra forma de realizarse.

Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net